Fobofobia

Últimamente el miedo se ha convertido en un tema recurrente en mi atareado cerebro. Y también en mi corazón, porque, aunque el miedo sea una fabricación de la mente, una anticipación imaginaria de lo que podría pasar, el miedo, -estaremos de acuerdo-, no sólo se piensa, sino que se siente. Mi mente fabrica trampas en las que mi corazón cae, independientemente de la realidad a mi alrededor, pues no le importan los hechos. Aunque obviamente, algunos de estos contribuyen a alimentar ese miedo, igual que algunos (aunque he de admitir que son los menos) contribuyen a aminorarlo. ¿No debería uno tener menos miedo a medida que va haciéndose mayor? ¿O ocurre que al ser mas consciente – no sé si esa es la palabra adecuada, ni si estoy siendo realista en el silogismo que la frase implica- uno es también más consciente de lo que podría o no podría pasar? ¿Y hasta que punto le afecta el miedo en su toma de decisiones?Parece absurdo condicionarse por algo que ni siquiera ha pasado aún, algo que puede que no pase nunca. De hecho lo es. Y aún así, siento que muchas veces, si bien no llego a auto-condicionarme, -pues mi sentido común me avisa del error-, sí freno la energía necesaria para hacer esas cosas que me dan miedo, como si no acabara de fiarme de mi decisión. Es como si, aún habiendo -en teoría- decidido algo, la indecisión sigue estando presente; ahí, acechándome. Y entonces, cuando algo sale mal, me recrimina que ella ya me advirtió, que no quise escucharla. Curiosamente, las -muchas- veces, que eso no ocurre, cuando nada sale mal, o todo sale bien, no me pide perdón por su molesta insistencia y por toda la angustia causada, y atribuye los buenos resultados a la suerte, al azar, que bondadoso de él me salvó del desastre. Y así, uno siente que para nada es responsable de lo que le rodea, de lo que hace o deja de hacer, pues siempre la indecisión o el azar manejan los asuntos de su destino, y nunca puede por tanto, premiarse por lo conseguido. En cambio, cuando algo sale mal, si se siente responsable, pues la indecisión y las dudas que le acecharon durante el proceso reaparecen, recuperan su voz, y gritan el error que supuso haberlas hecho callar. ¿Cómo puede uno, con este panorama, animarse a romper el círculo?

Pues la verdad es que no lo sé, pero lo que si veo claro, es que esa no es manera de vivir. Y que tiene que haber un equilibrio entre lo que decide uno, lo que pasa, y todas las variables en el proceso. Y que por dios, si hay responsabilidad para lo malo, también tiene que haberla para la bueno. Vaciando todo esto con lo que mi mente me abruma (como si yo no fuera ella, como si mandase sobre mi), palabras y conceptos como seguridad, temor, miedo a la pérdida y control aparecen delante de mis ojos y me rodean siniestros la cabeza, como una broma macabra. Me doy cuenta de lo frágil de la percepción, por ser subjetiva, y de lo bonito y absurdo de esa fragilidad. ¿Puede uno cambiar su manera de percibir? A menudo me ocurre que lo que veía claro hace un par de minutos, horas o días -lo mismo da-, parece claramente lo contrario en un abrupto y brusco cambio de percepción. ¿Era mentira todo lo que antes percibía? ¿Es cierto todo lo que ahora percibo y que me hace cambiar de parecer? Debe de haber un equilibrio entre las semi-verdades a las que llegué antes y a las que llego ahora a través de mi percepción, pues sino, estoy verdaderamente perdida, y no es una metáfora.

Pero esta aseveración tan racional que acabo de hacer, poco nos sirve a los que somos dados a sentir demasiado, -o demasiado fuerte quizás-, pues cuando las nubes negras de la indecisión y el temor nos acechan anunciando temporal no somos capaces de darles la espalda tanto como nos gustaría. Son perseverantes e insidiosas, y tienen por costumbre no desaparecer hasta que se les da a razón. Más tarde desaparecen las nubes, pero la tormenta ya cayó y se llevó con las riadas los árboles y la tierra dónde con un ahínco especial de voluntad habíamos sembrado la ilusión por lo positivo. Y encima, entonces, ironías de la vida, nos obligan a darles la razón, pues nada de lo que sembramos queda ahora. ¿Son invencibles estas nubes negras? ¿No existe viento suficientemente fuerte y valiente que limpie el cielo de tan eminente amenaza?

Estoy segura de que debe existir, así que será cuestión de dar con él.

by Laia


Leave a Reply